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31 jul. 2010

SIGO CON EL TEMA.


Siguiendo con la descripción que hacía de la que fue mi vivienda en la niñez deciros que ésta era una de las veinticuatro similares que componían lo que era la casa de vecinos. Había también en ella un almacén de la papelería que tenía un tal D. Armando en la calle Pérez Galdos, junto a la bodega La Aurora que aún existe afortunadamente.
El vecindario de aquella casa daba para un tratado de Sociología pues, en ella, habitaban gente de diferentes y variados oficios; dentro de la pobreza de todos, distintos grados de la misma e incluso distintas formas de pensamientos y comportamientos sociales.
La guerra civil estaba cercana en el tiempo aún y de ahí que se mostraran evidencias de lo que supuso para muchos. Mi padre había pertenecido a la quinta del biberón por lo que después de su participación en la misma tuvo que realizar la mili. Como ya tengo dicho por el blog, tenía una herida de bala y múltiples y amplias heridas de metralla. También estaba Manolo que era carpintero y tenía su taller en la calle Sol, este hombre tenía grandes heridas de la guerra y cuando se casó con Isabel, a pesar de su homosexualidad manifiesta y destapada, ésta movió los hilos necesarios para que después de algunas operaciones que le hicieron lo declararan mutilado de guerra y empezase a cobrar la correspondiente paga por ello. También vivía Luisa Opellón, que era una señora que en su juventud había sido artista de cabaret y revista; tuvo dos hijos con el famoso Antonio Martelo, y ambos hijos murieron en la guerra aunque sólo cobraba paga por el mayor que murió, con el grado de Teniente, en la batalla del Ebro, esto le permitía vivir con bastante holgura aunque era una mujer muy huraña y rara, con poco contacto con los vecinos, los niños la temíamos y huíamos de ella. También era excombatiente Pepe Benítez. Todos estos anteriores en el bando nacional.
José Morilla, zapatero con taller en la calle Recaredo entre la iglesia de los Negritos y el bar los barbos. Lo perdió todo en la riada del Tamarguillo y tuvo que reconvertirse en encofrador al no consiguir ningún tipo de ayuda por esta perdida al haber sido Comandante del bando republicano y haber estado preso bastantes años en el campo de los Merinales.
Las familias que allí vivíamos casi todas eran de varias generaciones lo que había permitido el emparentamiento entre ellas. Éramos casi todos familia en distintos grados y se dio el caso en diversas ocasiones de estar casados primos entre ellos y Después en segunda generación hijos de estos primos. Por ejemplo mis primos: José Miguel, Fernando, Paco, Juan Carlos y Javier; su padre era hijo de una prima hermana de mi padre y su madre era hija de un primo hermano de mi abuela y a su vez primo hermano de la madre de su actual yerno, total una "carajera" de parentescos. De estos había varios.
Con respecto a los oficios había: varios albañiles, carpintero, zapatero, guarda agujas de RENFE, chofer, cochero de punto, taxistas, dependiente de comercio, empleado de banca, portero de cine, oficinistas de Cruzcampo y de Transportes Urbanos, recovero en el mercado de la Feria, cocinera de casa de ricos, - como se decía entonces- asistentas en casas de rico, camarero, propietaria de taxis, limpiadora del ayuntamiento, varias modistas, recepcionista de hotel del Alfonso XIII, ¡nada menos!, y el más curioso Federico Polo que era chatarrero de plásticos y tubo su taller en la torre de Miraflores; la que hoy pertenece al parque y está declarada monumento. Quiero destacar al orfebre Antonio Pérez, que tubo taller en el patio de Bustos Tavera, con obras valiosas, aunque casi ninguna en Sevilla, como la corona de la Virgen de Valme y otras obras pequeñas en distintas cofradías. Había una ditera que aunque no vivía en la casa estaba todo el día en casa de su hermana Rafaela que era la propietaria de los taxis y también una estraperlista que era la mujer del guarda de agujas y que no ejercía en la casa aunque lo hacía en Cazalla de la Sierra donde trabajaba su marido.
Vivía allí una pareja muy anciana: El Chache y la Yaye. Antonio y Práxedes se llamaban. El había sido cochero de punto con coche propio y participó en varias películas de la época entre ellas: Camino del Roció con Marifé de Triana; era un maltratador y le pegaba unas palizas a la mujer de no te menees. A él no le quería nadie y tampoco nadie le hablaba sin embargo a ella la querían mucho todos los vecinos y les procuraban el sustento pues, el muy cabrón, no la dejaba comer aún teniendo medios para hacerlo y comida suficiente; pero la verdad verdad.... era que nadie se metía cuando le pegaba y todos callaban, no era el único caso en la casa en este tema desgraciadamente.
En verano, lo normal era permanecer hasta altas horas de la madrugada sentados en el centro del patio, se usaba para ello las sillas bajas de enea que tenían casi todas las habitaciones a las puertas. En el centro del patio había un buen montón de macetas, recuerdo: "pilistras", costillas de Adán, helechos y alrededor del patio en los tabiques que conformaban las cocinas había al menos cuatro jazmines. También había muchas macetas colgadas de la baranda de la planta de arriba. Las noches de excesiva calor había quienes cogían la manta por pico y se iban a la azotea para dormir al relente.
Este patio también era el escenario de las celebraciones, sobre todo de bautizos. Buenas juergas se vivían allí cuando los bautizos duraban tres o cuatro días. Se colgaba el patio de cadenetas y las barandas se cubrían con colchas y mantones. Se hacían sangrías en los lebrillos de lavar y en los de fregar distintos aliños, picadillos, y las que nunca faltaban, las papas aliñas.
También en el patio se hacían torrijas y pestiños antes de Semana Santa y rosquitos y empanadillas de hojaldre en Navidad.
Un tema que no estaba muy en auge en aquella casa eran las Hermandades. Había poco ambiente en esa parcela y de ahí mi extrañeza por la "afición" que tengo al tema desde muy pequeño. Pepe Benítez era de la Soledad de San Lorenzo y llegó a ostentar el número uno de hermano, al menos así lo hacía saber a voz en grito orgulloso de ello. El Pepín de Morilla y mi primo Fernando de San Isidoro, los dos formaron parte de la junta de gobierno y Antonio Tinoco que era de La Carretería. Yo, como ya he dicho por ahí, de aquella casa solo salí vestido de nazareno con la túnica y capa de San Bernardo pues el comienzo en La Candelaria no llegó hasta el año 1970 y ya entonces vivía en Pinoflores.
De arte total en el patio eran los velatorios. Pedazos de fiesta se organizaban. Se empezaba con la tacita de caldito de puchero y se acababa con las botellas de aguardiente contando chistes y vivencias del "espicháo o espichá" Mi padre y mi madre no murieron en aquella casa, pero les procuré un velatorio como estoy seguro que les hubiera gustado, de bromas, cachondeo y papalina.
Seguiré con algo más de este tema, besos y abrazos.

8 comentarios:

La gata Roma dijo...

Me acabo de leer las dos entradas del tirón ¡qué maravilla! Que descripción, es que me encanta que des tantos detalles, cuando alguien me cuenta una historia suelo estar todo el tiempo preguntando cositas como las que tu cuentas, sin necesidad de que te tenga que preguntar. Siempre he pensado que saber contar las cosas es una virtud que no todo el mundo tiene, tú desde luego que sí.
Un hermano de mi abuela, el más pequeño, fue también de la Quinta del Biberón, aunque corrió peor suerte que tu padre. Era un joven alegre, que quería ser torero y deleitaba a sus hermanas dando pases en el salón de su casa. No sé si la historia perdió un torero, pero mi abuela perdió a uno de los hermanos con los que más complicidad tenía.
Me han hablado mucho de las fiestas en los patios, y siempre me ha dado pena no poder vivir algo así….
Espero alguna entrega más de esto, porque con lo bueno y lo malo, es interesantísimo conocer todo aquello.
Kisses y que te sigan sentando igual de bien las vacaciones

P.S. Esta Semana Santa que ya se fue, conocí, por consejo del padre de Sergio La Aurora, sigue siendo una tasca como imagino que sería en tiempos.

sevillana dijo...

El otro día leí tu primera entrada en la que te dejé comentario y hoy con esta me quito el sombrero.
¿Te acuerdas cuando antes de las Navidades se compraba el pavo o pollo para Navidad vivo y había que matarlo en casa?
No todas pero si algunas de las cosas que cuentas las he vivido también.
Besos

El Naranjito dijo...

Dos ladrillos, no mejor, dos buenos bloques de hormigón armado con los que se hacen los edificios resistentes. ¿Te acuerdas de los "mantecaos" La Estepeña y la botella de Castellana, por navidad?, ¿y que me dices de las primeras comuniones?
Animo y a por el tecer ladrillo. Gracias.

Du Guesclin dijo...

Sigues con el tema y yo sigo embelesado leyéndote, pero sobre todo recordando las historias que me contaban mis abuelos o los vecinos mas ancianos de mi barrio, el Parque de Miraflores, cuando aún se llevaba eso de sacar las butacas a la calle las noches de verano.

Un abrazo y aquí seguiremos.

Dama dijo...

Me recuerdas a las historias de mi madre en su corral de la Calzá.
Muy curiosa, me ha encantado cómo lo recuerdas y los detalles de cada uno.

Sabor Añejo dijo...

Ay cuantos recuerdos has traído a mi memoria... hemos vividos los de aquella generación algo tan sumamente parecido... Yo también tenía una vecina huraña y que daba miedo, aunque no había perdido ningún hijo, pero imponer, imponía.

Espero la continuación, estas cosas me chiflan.

Un abrazo
Verdial

Juanma dijo...

Otro más que acaba de leer la dos historias del tirón. Gran retrato todo lo que cuentas, un fresco pintado con la mirada y la mano sobre el corazón. Debe ser muy emocionante para tí poner letras sobre aquella vida. Tan distinta y, sin embargo, con códigos comunes a la nuestra. ¿No te parece?

Un fuerte abrazo.

Bernardo Romero dijo...

Bueno, bueno, qué maravilla, qué paisaje y qué paisanaje y qué bien escrito. Se lee como limonada a las cuatro de la tarde un seis de agosto. Ten cuidao con los tubos, que te tropiezas y te caes. Un abrazo miarma, que me voy al último, que es el primero y es por donde me enganche y me fui pabajo pabajo. Eres un crack, repito, un crack.